ESTAFAS PERSISTENTES
El estallido de la burbuja inmobiliaria, con el anunciado desplome de la construcción y sus daños colaterales, no ha impedido que las estrategias especulativas sigan operativas en aquellas zonas geográficas donde aún existen, no se sabe por cuánto tiempo, activos paisajísticos o climáticos que permiten prolongar un modelo urbanístico depredador, cuyos resultados son evaluables en tantas comarcas y ciudades del País Valenciano. No queda mucho litoral sin colmatar de cemento, circunstancia que revaloriza, pese a la crisis, algunos cientos o miles de hectáreas de este territorio esquilmado. Una parte sustanciosa de las mismas se concreta en las Marinas. Estudiosos o simples curiosos que deseasen trazar un mapa de estos espacios codiciados, en la costa, en la huerta o en el interior, pueden localizarlos con el sencillo método de seguir las alteraciones y cambios forzados en el poder local. Mociones de censura favorecidas por tránsfugas y sujetos desleales, que supuestamente se vendieron por algo más que un plato de lentejas, ha perpetrado escandalosos vuelcos en la conformación de los ayuntamientos resultantes de las elecciones municipales. Estas acciones deplorables llevan asociadas diversas estafas. La primera, a los electores, por alterar su decisión en las urnas. El sistema electoral, ya de por sí escorado en su proporcionalidad, también se resiente con estos pactos contra-natura. Y, en fin, se estafa a la ciudadanía, en virtud de un cambio de gestión al que no son ajenas las ideologías. Ni la del infractor, ni la del partido u organización que lo acoge o utiliza, con vistas a cambiar el signo y los planes municipales. Los pactos antitransfuguismo que con solemnidad firmaron los principales partidos políticos, se convierten en papel mojado porque el discurso, según su origen, genera escalas de valores distintas y distantes. Mientras la izquierda apela inútilmente a las formalidades suscritas para evitar el cambio, al tiempo que purga la torpeza de sus líderes que dieron su bendición a las listas de candidatos, la derecha se pertrecha bajo su cínica coraza para dar por buenas aquellas mociones de censura que benefician a sus partidos y sectores afines. Entre los cuales, urbanicidas que bajo otras mayorías no podrían llevar a cabo fines especulativos. La situación, que estas últimas semanas se ha reproducido en varios municipios valencianos, cuestiona de nuevo las debilidades de esta democracia de perfil bajo. Pero también pone en evidencia a partidos y organizaciones inoperantes, cuando no ajenas al interés general.
Una ruina, se mire por donde se mire.
Extraído de: LA TURIA DICE QUE... (nov/08)